viernes, 9 de febrero de 2007

Sobre Canarias


Ayer, día 1 de octubre de 2006 tuve el enorme placer de visitar uno de los lugares más bellos que he conocido. Descubrí entonces que esta isla en la que he decidido pasar parte de mi vida puede enseñarme aún muchas bellezas escondidas en su interior. La mañana comenzó como cualquier domingo de campo. Nuestra idea era la de salir con unos amigos a pasar el día tranquilos, subir a la montaña, llevar unos bocadillos y volver al atardecer.

Subimos hasta San Mateo, un pueblito cercano a las montañas, donde en invierno hace mucho frío y en verano mucho calor, uno de esos sitios en los que odiarías o te encantaría vivir. Una plaza en el centro con un organillo, dónde los más mayores y algún que otro niño nos deleitaban con sus bailes. Hacía tantos años que no veía esas “verbenas” de pueblo que casi las había olvidado. No les importaba el sol de justicia ni la gente que los miraba al pasar, ellos disfrutaban y bailaban, como cada domingo, imagino.
Nos dirigimos al mercadillo del pueblo, el de los “domingos”, que era su principal atracción, motivo por el cuál se llenaba cada fin de semana de extraños, que daban vida al lugar y que hacia que sus comerciantes hicieran su agosto particular. Allí puedes encontrar de todo, desde los más bonitos adornos y enseres para colgar en tu casa o habitación, hasta miles de antigüedades canarias, como máquinas de coser antiguas, un perchero realizado con patas de jabalí, y los más estrafalarios abalorios que os podáis imaginar.

Tras pasear por el mercado y comprar la fruta y los bocadillos, subimos hasta un lugar que deja los oídos sordos y la nariz fría. El aire es tan puro que aún parece ser más invisible de lo que ya es. Me encantó sentir tras la ventanilla del coche como el viento mas fresco rozaba mi piel.

Llegamos hasta un pinar cercano donde decidimos pasar el día. Allí descubrí que los pinos canarios son únicos en el mundo, porque sus hojas tienen tres puntas, mientras que los pinos del resto del planeta tienen tan solo dos. No sé realmente cual será el motivo de esa diferencia que a priori puede parecer muy simple, pero que puede llegar a convertir una especie en única.

Tras pasar el día allí decidimos volver a casa, no sin pasar antes por el mirador de “Becerra degollada”. No os dejéis engañar por el nombre. Desde allí pude observar uno de los paisajes más bonitos que mis ojos han tenido el placer de poder ver. El contraste entre el sol y las rocas era indescriptible. Parecía que nunca jamás nadie hubiera pisado esas tierras. Las rocas y los riscos formaban formas caprichosas que con el paso de los años han mantenido esa forma original. Es una autentica belleza para los sentidos.
Estas cosas hacen maravillosa la vida. Poder tener la oportunidad de verlas, oírlas, en definitiva… sentirlas, hacen que ame la existencia a pesar de los momentos duros y difíciles.

Para terminar el día, bajamos por la parte trasera de la isla. El maestro Serrano nos servía como deleite para los oídos, mientras que recorríamos las estrechas callejuelas de los pueblos de Teror, y esas carreteras llenas de contrastes naturales desde las cuales podíamos observar la enorme belleza de un bosque aún apenas rozado por el hombre. Los árboles debían llevar siglos allí, por su enorme tamaño y sus raudas y desgastadas ramas.

El atardecer jugaba con las formas y sombras y fue entonces cuando me di cuenta de que este trozo de tierra sobre el mar no es tan pequeño como todos afirman. Como ya mencioné antes, una maravilla para los sentidos que espero poder seguir descubriendo a lo largo de mi estancia aquí, de tal manera que algún día, pueda sentirme parte de ella.

No hay comentarios: